Raíces paternas

Recuerdos y anécdotas, antes de que se me olvide, más…

Como no puede haber bebé sin un papá, antes de seguir avanzando presento a mis abuelos y tíos paternos. Mis abuelos fueron Francisco Juárez y Rebeca Pérez Ramírez, desconozco sus fechas de nacimiento y solo recuerdo que mi abuela murió en el año mil novecientos setenta. Ambos, deduzco, fueron originarios de algún lugar de la Sierra Juárez por lo que en ocasiones escuchaba en su conversaciones pero nunca visité sólo o con alguno de ellos algún pueblo por esos lares. Así que mi familia paterna debió haber sido la familia “Juárez Pérez” pero por supuesto la abuela decidió otra cosa.

Mi abuelo era sastre y desde que recuerdo hasta que su avanzada edad se lo impidió, siempre trabajó en ese oficio, tuvo una sastrería por muchos años ubicada en la Avenida Independencia, a escasas dos cuadras (hacía el sur) de la casa de Matamoros. Cuando mi abuela murió, mi abuelo y mi tío Ángel se vinieron a vivir con nosotros a la casa de Morelos, aquí continuaron con su sastrería hasta su muerte. Mi abuela Rebeca tuvo una tez blanca por lo cual muchas personas que eran cercanas a ella, la llamaban La Güera, los menos cercanos la llamaban Doña Rebeca, con mucho respeto, o Rebequita en un tono más cariñoso.

Con mis abuelos conviví diariamente durante catorce años pues nosotros (mis papás y yo, luego mis hermanos) vivimos en su casa de Matamoros hasta que murió mi abuela. Siempre recuerdo que me hacía gran fiesta y me guardaba siempre algo especial para comer o cenar. Recuerdo particularmente su cocina con unos olores riquísimos. Conforme pasó el tiempo, mi papá se volvió su asistente ejecutivo y como consecuencia natural, quizá, yo también lo fui. Mi abuela, deduje años después, tuvo una posada en la casa de Morelos de la cual platicaré con mayor detalle en una entrega posterior sobre La Casa de Morelos.

Mis tíos paternos, de mayor a menor, fueron Marío, Manuel, Adelina, Raúl, Ángel y Jesús (papá), lamentablemente no tengo las fechas a la mano pero en un descuido me echo un brinco al panteón y tomo nota de ellas.

  • Mario – Mi tío vivió junto con su familia (esposa y mis primos) también en la casa de Matamoros pero en la parte frontal, por lo cual conviví diariamente con todos ellos, también hasta que mi abuela murió, pero cada quien en su casa pues aunque en el mismo predio, mis abuelos, mi tío y su familia, y mis papás y yo vivíamos cada uno en su propia casa. Mi tío fue médico así que siempre recurrimos a él, en mi caso prácticamente todos mis años de juventud hasta que salí de Oaxaca. Es decir, todas mis enfermedades de niñez y accidentes fueron atendidas por él. Mi tío se distinguió por ser un estudioso e investigador, incluso escribió el libro “El enigma del arte prehispánico” sobre algunas investigaciones que hizo de medicina prehispánica de las estelas de Monte Albán; el cual conservo con su dedicatoria. Su carrera lo llevó a ser Director de la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, Director del Hospital Civil y Rector de la UABJO.
  • Manuel – No lo conocí, ya había fallecido cuando yo nací.
  • Adelina – La única mujer de este rama de la familia, dedicada a las labores del hogar y desde que recuerdo ya era casada; ella, junto con su esposo David, vivían en una casa diferente a la de Matamoros. Siempre fue muy cariñosa conmigo, siempre tuvo pájaros en las diversas casas en las que vivió y la visitaba frecuentemente. Bordaba cosas muy finas, todavía conservo algunos pañuelos con las siglas de mi nombre y figuras que hizo para mí. Perdón, pero este pequeño siempre fue muy consentido.
  • Raúl – Todo un caso. La historia que nos contaba mi papá es que nunca fue muy bueno para la escuela, y era inquieto y rebelde. Todos sus hermanos sabían que había decidido ser boxeador y que estaba entrenando y haciendo ya sus primeras peleas, hasta que lo inesperado ocurrió. Mi abuela supo y le dio una buena tunda, peor que la que le pudo haber dado un rival en el cuadrilátero. Después de esto decidió irse a la ciudad de México, allí terminó siendo impresor, mejor dicho, maestro impresor, nombramiento que requería pasar una prueba en los Talleres Gráficos de la Nación que fue donde hizo su carrera. Lamento haber tirado hace algunos años, la foto donde aparece con su maestro el día que le otorgaron su nombramiento. Cuando íbamos a la ciudad de México, era obligado irlo a visitar hasta Santa Fe (el viejo Santa Fe) o él venía al hotel en el que nos hospedábamos después de que salía de trabajar, muchas veces nos acompañaba al beisbol. Cuando venía a Oaxaca, la mayoría de las veces se quedaba en la casa de Morelos con nosotros.
  • Ángel – También otro caso difícil. La historia que frecuentemente nos contaba papá, la cual terminaba muchas veces llorando, es que estando en la Primaria reprobó un año. Eso le costó una paliza tremenda de mi abuelo y el fin de toda aspiración de seguir su educación. En ese momento, el abuelo decidió que su oficio sería sastre. Mi papá siempre terminaba diciendo “mi papá fue muy duro con todos nosotros. De igual manera recordaba cuando le pedían dinero para comprarse algún dulce o juguete, la respuesta de mi abuelo era: ¿cuánto quieres?, independientemente de la cantidad, lo siguiente que decía era: trae un papel y lápiz, para dibujártelos.
    Cuando crecí, salí de Oaxaca y pude obtener algún grado académico, la historia me parecía demasiado fuerte; por otro lado, también siento, quiero creer quizá, en el fondo que mi tío tenía talento para ser sastre. La sastrería, gracias a él, tuvo éxito durante muchos años y muchas personas se vestían allí. Sabía trazar, cortar y coser muy bien lo cual me parece extraordinario considerando que no ha de haber recibido mucha guía del abuelo; todavía conservo dos o tres libros sobre métodos de cómo medir y trazar pantalones, sacos, chalecos, etc. considerando la fisonomía de la persona. Los libros están en inglés, así que seguramente aprendió o reforzó lo que sabía únicamente guiándose con las figuras.
    Siempre fue cariñoso conmigo, toda mi vida vestí muy bien (en todas las fotos que aparezco con traje, todos fueron hechos por él) y recuerdo que cuando tuve oportunidad de pagarle la hechura, nunca, nunca me aceptó un solo peso. Su comentario frecuentemente era: mientras yo viva serás feliz.
  • Jesús – Mi papá fue el más chico de la familia, no fue muy alto pero fue un hombre fuerte, toda su vida hizo deporte – beisbol, basquetbol, y por algún tiempo también practicó boxeo, sin pretender volverse boxeador. Seguramente por eso me resultaba doloroso verlo tan disminuido en la etapa terminal de su vida. La primera vez que me pidió que lo bañara me fue tremendamente difícil no llorar enfrente de él.
    Afortunadamente hizo muchas cosas en su vida y obtuvo logros importantes; uno de ellos fue haber obtenido el grado de Farmacéutico (con especialidad en Física) del entonces Instituto de Ciencias y Artes del Estado (antecesor de la UABJO). Él contaba que su primera opción había sido ser piloto aviador pero que mi abuela no le autorizó irse a Guadalajara, probablemente esto influyó para que a mí me dejara ir a estudiar a la ciudad de México sin problema.
    Ya platicaré mucho más de él a lo largo de estos relatos, solo adelanto que dedicó muchos años a la docencia, impartiendo la materia de Física en secundarias y la Preparatoria de la UABJO, y atendió (junto con mi mamá) toda su vida la Farmacia.

Al igual que mi familia materna, toda mi familia paterna ascendente directa ya descansa en paz. Estas son mis raíces paternas de las cuales me siento orgulloso. De todos ellos, al igual que del lado materno, me he nutrido, han sido mi apoyo y solo espero que les haya devuelto algo de la mucha felicidad que recibí de ellos.

De manera muy resumida, estas son mis raíces paternas y maternas.

 

Época / año: Toda mi vida
Nombres: El nieto de doña Rebequita [+Negro Santo, Gerardo, Lalo, Lalito, Farmacéutico, chuchín y chuchito

Dr. Puck
diciembre 18, 2016.

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